3ª sesión: ¿Y si nos dividimos?

Antes de pasar a contar lo acontecido en esta tercera sesión debo señalar una cosa que considero importante: la introducción de una prueba no necesariamente violenta, el acertijo de la esfinge, fue un suceso totalmente inesperado para sus esquemas de aventuras. La novedad de la prueba les mantuvo enganchados al juego horas después de haber abandonado la sesión y motivados para encarar la siguiente. Hablando con otros jugadores experimentados llegamos a la conclusión de lo fácilmente que la sociedad infravalora al público masculino adolescente, al que suponemos exclusivamente motivados por la violencia y no tanto por los juegos de astucia. Todo un error. Casi se podían escuchar los engranajes de sus cerebros funcionando espoleados por la curiosidad y el reto.

Una vez superada la pregunta de la esfinge satisfactoriamente, el grupo cruzó la sala hacia la puerta que tenían enfrente. Los recibió una sala oscura, desprovista de ornamentos y muebles y aparentemente sin otra salida que la puerta por donde habían entrado. En el centro de la habitación sólo había un pozo. Cuando después de lanzar 5 monedas comprobaron que nunca tendrían más hechizos, una espada de fuego ni otros deseos (a cada cual más absurdo), decidieron que lo mejor sería tirarse dentro.

Dicho y hecho, el impetuoso sacerdote no se lo pensó y se tiró. Confiaba en hallar una salida a través del pozo, alguna cueva subterránea que les guiara hasta el sarcófago del malvado sacerdote que habían venido a destruir. Buceó hacia las profundidades, pero por el camino se desorientó, perdiendo los nervios y quedando al poco sin aire. Al ver que no salía, uno de los ladrones decidió tirarse al pozo, con tan mala suerte que cayó encima del sacerdote, causándole una pequeña brecha en la cabeza. El ladrón trató de agarrarlo, pero sólo consiguió hundirse. También el escriba se tiró al pozo, que empezaba a estar saturado. Fue entonces cuando uno de los soldados propuso usar una cuerda para sacarlos a todos, cosa que hicieron no sin avergonzarse antes por su irracional comportamiento.

Una vez estuvieron todos fuera de peligro decidieron investigar por la sala. Por suerte, descubrieron un mecanismo en la pared que permitía abrir una puerta secreta camuflada entre los bloques de piedra.  Un largo pasillo con varios recodos condujo a los aventureros hasta el centro de un larguísimo pasillo inclinado cuyas pendientes conducían hasta la puerta por la que habían salido. Divididos en dos grupos y tras haber hecho saltar las trampas al salir corriendo para volver a juntarse (dos enormes rocas rodantes) alcanzaron una puerta que les condujo a otro pasillo.

El problema es que al separarse en dos uno de los grupos sacó una importante ventaja al otro que le permitió avanzar  explorando otras salas. En la primera hallaron una montaña de tesoros, montones de monedas, joyas, coronas, colgantes… pero los ladrones detectaron rápidamente que era una trampa. Si tocaban algo, una lluvia de flechas acabaría con ellos. Cruzaron la sala sin alterar los montones de tesoros… hasta estar en el otro extremo de la sala. Entonces uno de los ladrones agarró un colgante de oro y joyas preciosas haciendo saltar la trampa y llenando la sala de una lluvia de flechas y joyas que volaban por doquier. Por suerte, el ladrón pudo escapar ileso.

Para entonces ya estaba claro que el sacerdote y los dos ladrones  habían cambiado de parecer respecto a su misión. En algún sitio tenía que estar no el sarcófago, sino el tesoro que acompañaría a la momia a la otra vida. Era menester hallarlo y no compartirlo con los demás. Se apresuraron a avanzar, dejando atrás al segundo grupo, el del escriba y los soldados.

Este segundo grupo, ignorantes del camino que habían tomado los otros, avanzaba más lentamente. Se notaba que las tumbas no eran su ambiente habitual. Optaron por tomar un pasillo lateral a la sala del tesoro por la que habían pasado sus “compañeros” hasta llegar a una sala donde los restos de cadáveres y muebles destruidos les hizo sospechar de la existencia de una trampa terrible: paredes apisonadoras. La trampa estaba localizada, pero… ¿Cómo la desactivarían sin la ayuda de los ladrones?

Mientras tanto, éstos avanzaron hasta una sala redonda con una palanca en el centro y otras tres puertas tapiadas. Movieron la palanca una posición. La puerta por donde habían entrado se cerró, una de las otras tres se abrió y la palanca desapareció hundiéndose en el suelo. Cuando se dirigían a la puerta abierta un sonido de pasos muy pesados empezó a retumbar… algo se acercaba. Paralizados en el centro de la sala los aventureros fueron testigos de la aparición de un gran gólem.  El combate era inevitable.

Los ladrones consiguieron esquivar al ser, pero el sacerdote no encontró la manera y se quedó paralizado. El golem desató toda su fuerza bruta contra éste, que fue desplazado por el impacto varios metros, quedando muy malherido. Los ladrones decidieron contraatacar, distrayendo al golem para que el sacerdote pudiese escapar a una muerte segura. Entre ambos, y tras un durísimo combate que casi estuvo de acabar con sus vidas, consiguieron derrotar al monstruo. Necesitaron tiempo y consumir sus vendas y ungüentos curativos para reponerse. Si esto era un guardián del sarcófago… ¿Cómo sería lo que había en él? ¿Y de verdad era necesario matarlo?

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2 comentarios en “3ª sesión: ¿Y si nos dividimos?

  1. Hahhahah, Viva las separaciones inútiles, el pasado sábado nos fuimos el tecnomedico y el policía de cyberpunk de buenas a una localización y el fixer y el solo a donde estaba la pasta. Si es que hay que ser idiota y no aprendemos con los años.

    • Son errores por los que todos pasamos. Es curioso ver cómo los adolescentes, y los experimentados jugadores de rol, siempre acaban repitiendo los mismos patrones de las películas y los videojuegos.

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