Los nombres de los lugares

Una de las cosas más dífíciles, a mi juicio, a las que se enfrentan escritores y creadores de mundos en general es la toponimia, poner nombre a lugares, mares, montañas, ríos, ciudades o reinos enteros. Y, salvando las distancias, medios y contextos, es la misma dificultad a la que imagino que debió enfrentarse cualquier grupo de seres humanos a la hora de dar un nombre a su hábitat. La mayor dificultad està en conseguir que un nombre suene natural, poco forzado, y que nos haga olvidar que en algún momento significó algo. Y, sin embargo, bautizar lugares es, sin duda, una de las partes más divertidas de la geografía.

De este modo, nosotros, como sociedad humana, nos hemos acostumbrado a los nombres que desde tiempos remotos hacen referencia  nuestros enclaves y que, finalmente, sirven para ponernos un nombre y definirnos a nosotros (o para que otros nos definan). Tan acostumbrados estamos ya, que hemos olvidado qué significan y por qué ese nombre y no otro. A veces, ignoramos por completo la historia que se oculta tras el nombre y la gran aventura que supuso llegar hasta allí y decir: esta tierra es nuestra.

Algunas veces me enfrento a las preguntas de mis alumnos de qué significa un nombre o de dónde viene. Lo cierto es que aunque algunos son de sobra conocidos, como el caso de la ciudad de León por ser lugar de ocupación de una legión romana, otras muchas veces no sé responder.

Y aunque no sea la solución, sí que puede resultar útil, divertido, inspirador, el conjunto de mapas del Atlas of true names de Stephan Hormes y Silke Peust. Se trata, ya lo advierten, de un divertimento en constante revisión, nada definitivo ni 100% fiable. De hecho, puede ser un recurso educativo muy interesante y motivador, quizás para sesiones de introducción a temas de geografía física o política, que no despiertan mucho interés entre los alumnos.

mapatruenames

Una toponimia muy curiosa

Para nosotros, los fragmentos que pueden resultar más interesantes son los de la Península Ibérica y Latinoamérica. En el caso de España, encontramos cosas bastante conocidas, como que ésta se convierte en el País de Conejos, Valencia es La sana (nuestro “vale” en latín era como desear buena salud a alguien) o Alcántara es El Puente, del árabe. Sorprenden más nombres como las Montañas del fuego secreto para los Pirineos, el País de la gente corriente y los grandes señores, para Cataluña o el Río lejos del agua, para el Tajo.

Para Latinoamérica los nombres mezclan los derivados del latín y el castellano con los nombres de las lenguas nativas precolombinas. Así, Ecuador es Igualador y Venezuela es la Pequeña Venecia. Pero hay nombres tan curiosos como Aquí hay humanos (Nicaragua) o No os entiendo (Yucatán)

Es sorprendente darse una vuelta por todo el globo buscando nombres, que en ocasiones pueden resultar muy evocadores y pueden inspirar mil y una aventuras a lugares como el País de los fuertes, la Tierra de la Palabra, la Tierra de las diez tribus o la Tierra donde no hay nada. Y todo eso sin salir del Planeta Tierra.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s