Pifias de los siglos XVIII y XIX

Pregunta: Define liberalismo.

Respuesta: Todo el mundo es libre hasta que se demuestre lo contrario.

Pregunta: ¿Qué caracteriza la historia de Alemania e Italia durante el Siglo XIX?

Respuesta: Que Italia se independiza de Holanda y Roma fue la capital. Alemania declara rey a Otto Barsmack.

Pregunta: ¿Qué paises formaban la Santa Alianza?

Respuesta: Rusia, Prusia y Australia.

Pregunta: ¿Cómo influye la Revolución Francesa a Europa?

Respuesta: En parte creo mira, creo que la gente quería aquello, que tuviesen derechos que fuesen libres en ciertos aspectos, pero cuando empezó la Revolución Francesa, no les gustó, en cierta parte a mí tampoco me gustaría ya que las formas en que lo hacían no eran las más correctas, porque o eras como ellos y querías lo mismo o te mataban, encima saqueaban las ciudades, robaban y eso tampoco está bien. Pero es curioso antes de la Revolución Francesa, la población se quejaba y cuando comenzó la Revolución igual, pasara lo que pasara se quejaban, así es la población, rara.

4º de ESO

Anuncios

3ª sesión: Y llegó el 2 de mayo

Me gustaría empezar diciendo que hacía mucho tiempo que no dirigía una partida que me dejase tan buenas sensaciones. La verdad es que la satisfacción no ha sido sólo mía, los jugadores se han quedado con ganas de más. Lo malo es que limitándome a contar el desarrollo de la partida no puedo haceros partícipes del grado de satisfacción general y personal.

Si he de elegir un momento concreto, uno determinante, que me haya indicado que iba por buen camino, ese ha sido cuando uno de los PNJs ha respondido a la pregunta de uno de ellos:

– ¿Qué día es hoy?

– 2 de mayo.

Y la cara se les ha iluminado. Sabían de qué iba el asunto y querían estar a la altura de las circunstancias. Había un compromiso personal en la actitud que tomaron. No sólo ellos como jugadores, sino su interpretación y sus personajes tenían que estar a la altura de las circunstancias.

La verdad es que cuando se me metió en la cabeza la idea de dirigir partidas a los alumnos con un trasfondo histórico lo hice con la idea en mente de que pudiesen sentirse protagonistas de los grandes momentos, de que entendiesen que la Historia no es una lección inerte en los libros de texto y los museos. Y con este escenario creo haberlo conseguido. Han empezado la sesión condenados a muerte, creyendo que saldrían en los Fusilamientos del 3 de mayo de Goya. Han corrido entre las balas de los fusiles y cañones franceses, escondiéndose entre los cadáveres y el humo de las detonaciones. Han callejeado por Madrid para evitar caer en manos de los mamelucos, salvando de este modo la piel. Han lamentado al unísono cada una de las heridas de sus personajes y celebrado cada uno de sus éxitos.

Así que, como os contaba, los protagonistas fueron llevados hasta la Prisión Real, donde iba a estar detenidos hasta el amanecer, cuando les iban a fusilar. Pasaron la noche en vela, negándose a aceptar que fuesen a morir, tratando de hallar alguien a quien sobornar, un barrote que forzar, un milagro, en definitiva. Y este llegó en forma de Marqués de Navarrete. ¿Pero acaso no les había traicionado?

Efectivamente. Se vio obligado a entregarles como cabeza de turco para evitar delatar a personajes más importantes de la Corte que conspiraban para organizar un levantamiento militar. Los franceses retenían a su hijo, y por eso les traicionó. Sin embargo, ahora regresaba para salvarles la vida minutos antes de que llegase el pelotón francés de fusilamiento. ¿Qué iban a hacer? ¿Confiar de nuevo en él o afrontar la muerte?

Por unanimidad aceptaron ayudarle a rescatar a su hijo, pero con la promesa de recompensas posteriores. Tras pasar un par de horas escondidos en algunas dependencias de la prisión consiguieron salir sin llamar la atención, y justo cuando se acercaban a la Plaza Mayor comenzaron a escucharse una serie de detonaciones desde el Palacio. En minutos corrió la voz: ¡Los franceses se llevaban al infante! ¡Han abierto fuego contra la multitud!

Los protagonistas debatieron qué hacer. Algo en los más hondo de su ser les empujaba a buscar a los franceses, aún sin armas, pero también debían ayudar al Marqués. Optaron por tomar el camino largo hacia la casa donde custodiaban al marquesito, lo que les acercaba al epicentro de los combates. Dejando atrás cadáveres y barricadas se acercaron hasta donde pudieron conseguir armas para su propósito, y tras abrir fuego contra los pelotones franceses de la Plaza de Oriente se marcharon

Por el camino tuvieron que esquivar cargas de caballería  y pelotones de soldados que abrían fuego indiscriminadamente. Algunos de los disparos les alcanzaron pero, por suerte, de manera superficial. Otros paisanos que caían a su alrededor no tuvieron tanta suerte.

Finalmente llegaron hasta la casa donde retenían al hijo del Marqués. Aquella zona, casi en las afueras, no se había visto afectada por los combates. La casa, con todas las ventanas cerradas, tenía un jardín en la parte trasera. No parecía haber nadie, pero el Marqués sabía que dos guardias custodiaban a su hijo. El plan era intentar entrar con sigilo y todos, menos uno de ellos, lo lograron. Alertado por el escándalo de unas sillas y mesa que caían por el jardín, uno de los guardias abrió la puerta para recibir una lluvia de plomo que lo dejó inmóvil recostado contra la pared. Era necesario actuar con rapidez. El soldado y el marqués entraron en tromba en la casa esquivando el disparo del fusil del segundo guardia. Un par de puñetazos lo derribaron, quedando en el suelo clamando clemencia.

Allí, en una de las habitaciones se hallaba el hijo del Marqués, sano y salvo. Padre e hijo se reunieron, eternamente agradecidos y en deuda con el grupo de valientes que lo habían hecho posible.

A partir de ese momento cada uno decidió seguir su camino. El Marqués regresó a casa para dejar a su hijo en lugar seguro, el Barón y el soldado decidieron regresar al lado del pueblo madrileño para ocupar su lugar en la lucha, el secretario del Barón consideró que no merecía la pena enfrentarse al mejor ejército del mundo, y el sacerdote volvió a su parroquia para rezar y atender a los moribundos.

2ª sesión: Un domingo por la noche… (2ª parte)

Tal como recordaréis algunos, los jugadores habían caído en una encerrona: el carruaje que debería haber estado ocupado por el Marqués contenía, en realidad, tres soldados franceses con su oficial. Por si no fuese bastante, por el otro extremo de la calle llegaba el oficial francés François de Maginot para rondar a la joven hija del Señor Santa Rita.

En un extremo de la calle, los soldados franceses apuntaban a los personajes con sus fusiles y no parecían tener reparos en disparar si no se entregaban. Por el otro lado, el oficial Maginot estaba siendo distraído por el soldado Pepe Gatillo, que no percibió cómo otros dos guardias franceses se acercaban hacia él.

Sin embargo, antes de que pudiesen tomar una decisión, los más observadores vieron cómo el cañón de un arma apuntaba hacia la calle desde una de las ventanas de la casa de Santa Rita. La acción se desató sin dejar tiempo para pensar: un disparo pareció impactar sobre uno de los guardias que, desconcertados, se cubrieron contra las paredes al tiempo que se abría la puerta de la casa y alguien gritaba a los protagonistas para que entrasen a guarecerse. Simultáneamente al tiroteo, Pepe Gatillo era reducido por los guardias tras recibir un impacto de uno de sus fusiles.

Dentro de la casa uno de los miembros del servicio atrancó la puerta para impedir el paso de los guardias y permitir la fuga de los jugadores. Éstos fueron invitados a subir al piso superior para escapar a través de una de las ventanas. De este modo, llegaron hasta el despacho de la planta superior guiados desde atrás por un criado, pero una vez dentro éste cerró la puerta y echó la llave. El barón Simón se dirigió a la ventana para descubrir que estaba cerrada. ¡Les habían encerrado en aquella habitación!

No había tiempo que perder, se escuchaban muchos pasos subiendo las escaleras. De un disparo con su pistola el barón abrió la ventana para descubrir que se abría al patio trasero de la casa y que allí había otro soldado francés apuntando con su rifle. El barón y su secretario decidieron lanzarle un mueble y esperar a que entrasen los guardias por la puerta para abrir fuego contra ellos. Mientras, el párroco observó sobre la mesa unos mapas y documentos bastante curiosos.

Los franceses les invitaron a rendirse, pues no había escapatoria. Sin embargo, los jugadores decidieron tumbar una mesa para que el párroco se cubriese con ella, así los franceses al entrar recibirían un disparo sorpresa. De este modo, el barón y su secretario fingieron rendirse, los guardias abrieron la puerta y el párroco… se rindió.

Al salir de la casa los jugadores observaron sorprendidos al señor Santa Rita y miembros de su servicio confraternizando con la tropa francesa. Por si eso no fuese poco, al llevárselos al carro donde sería transportados, vieron al Marqués de Navarrete hablando con François de Maginot. Su rostro mostraba un gran arrepentimiento, pero aquello no consoló a los jugadres.

– ¿De qué nos acusa oficial?

-¿Y usted lo pgegunta? ¡Guesistencia al aguesto, abgig fuego contga soldados fganceses y conspigación! ¡Las cagtas y planos demuestgan que tgamaban algo!

– ¡Eso no es nuestro!

– Clago… eso díganselo al pelotón de fusilamiento… jajaja.

Maniatados, los protagonistas fueron conducidos a la cárcel real para pasar la que sería su última noche con vida. ¿O no?

Enlace a la 4ª y última parte.

2ª sesión: un domingo por la noche… (1ª parte)

Una nueva semana más y una nueva constatación más: cuando uno de los alumnos se mete en el papel es capaz de, voluntariamente, sacar a relucir sus conocimientos de la materia a través de su personaje, cumpliendo así uno de los objetivos manifiestos de estas sesiones, aprender conceptos y obtener conocimientos de la época en que se desarrolla la aventura. Durante la cena que mantuvo uno de los personajes con uno de los PNJ’s el jugador aprovechó para hablar de las virtudes y defectos de Napoleón y del ejército francés, así como de reflejar la opinión que un noble español podría tener de los ocupantes franceses. La verdad es que dio pie a unos minutos de auténtica interpretación.

Así pues, moría la tarde y empezaba a anochecer en las calles de Madrid aquel domingo 1 de mayo. El Barón Simón se encontraba en casa del señor Santa Rita, adinerado burgués madrileño, comerciante de alimentos. El Barón había sido invitado a cenar y había aceptado con la esperanza de obtener alguna información relevante de las ideas del burgués, de la casa, sus empleados, contactos, etc.

Durante la cena, en la cual estaba presente la hija del burgués que había de ser secuestrada, se estableció una cordial conversación sobre una importante variedad de temas. Hablaron de política, con el permiso de la dama, sociedad, modas… y cuando ésta se retiró a sus aposentos el Barón sacó el tema de los pretendientes de su hija.  Resulta que había un oficial francés de alto rango, un tal François de Maginot, que se perfilaba como el mejor candidato para obtener la mano de la muchacha.

La cena y posterior tertulia acabó a eso de las diez y el grupo volvió a reunirse para decidir los siguientes pasos a seguir. Decidieron que, con la información que tenían de la casa, el servició y la familia, irían a casa del Marqués de Navarrete para informar y retirarse, porque eso de secuestrar damas estaba feo y no era tan asunto suyo. Además, empezaba a refrescar y Madrid de noche, con o sin guardias franceses, podía ser muy peligroso.

Cuando llegaron al palacete del Marqués en las afueras de Madrid, descubrieron que éste ya se había marchado. De hecho, según su servicio, con actitud reticente y nerviosa, el marqués había pasado toda la tarde fuera y no se les esperaba hasta muy tarde.

Había que correr de nuevo hacia casa del señor Santa Rita, y había que llegar antes que el Marqués para poder informarle. Por suerte, así lo hicieron. Las calles en torno a la casa estaban vacías pero se veía movimiento de luces en el interior de la casa. A los pocos minutos de ocupar posiciones en las calles cercanas escucharon el sonido de un carro acercándose por el otro extremo de la calle. Éste se detuvo a una distancia prudencial del domicilio, pero suficiente como para que los jugadores identificaran el emblema del Marqués de Navarrete. Por la pequeña ventana del carruaje una mano les hizo señas para que se acercaran. Los jugadores obedecieron sin dudar (ay, es que son novatos…).

¡Its a trap!

¡Its a trap!

Justo cuando pasaban por la esquina de las calles donde estaba la casa, el soldado Gatillo divisó una figura que andaba tranquilamente en dirección a la casa. Se trataba de un oficial francés, su uniforme le delataba. ¿Qué hacía allí a tan altas horas? El soldado se acercó a entretenerle para evitar que viese al resto del grupo con el Marqués. Para sorpresa del español se trataba de François de Maginot, el pretendiente de la muchacha que contaba con el favor del señor Santa Rita. ¡Su presencia podría dar al traste con los planes del grupo y complicar la fuga!

Mientras tanto, el resto del grupo se acercó hasta el carruaje al grito de ¡Marqués! ¡Marqués! sólo para descubrir que quien se hallaba en su interior no era la persona esperada, sino otro oficial francés acompañado, esta vez, por tres soldados. Los guardias descendieron y, apuntando a los protagonistas con sus rifles, les invitaron entregarse sin ofrecer resistencia. ¡Entgeguen las agmas y guíndangse! Dijo el oficial con su mejor castellano.

¡Chan chan chan!

¿Qué estaba pasando? ¿Dónde estaba el Marqués? ¿Acaso alguien había descubierto el plan de secuestro y el propio pretendiente francés venía a impedirlo?

Como suele decirse, continuará…

Enlace a 3ª parte.