2ª sesión: Un domingo por la noche… (2ª parte)

Tal como recordaréis algunos, los jugadores habían caído en una encerrona: el carruaje que debería haber estado ocupado por el Marqués contenía, en realidad, tres soldados franceses con su oficial. Por si no fuese bastante, por el otro extremo de la calle llegaba el oficial francés François de Maginot para rondar a la joven hija del Señor Santa Rita.

En un extremo de la calle, los soldados franceses apuntaban a los personajes con sus fusiles y no parecían tener reparos en disparar si no se entregaban. Por el otro lado, el oficial Maginot estaba siendo distraído por el soldado Pepe Gatillo, que no percibió cómo otros dos guardias franceses se acercaban hacia él.

Sin embargo, antes de que pudiesen tomar una decisión, los más observadores vieron cómo el cañón de un arma apuntaba hacia la calle desde una de las ventanas de la casa de Santa Rita. La acción se desató sin dejar tiempo para pensar: un disparo pareció impactar sobre uno de los guardias que, desconcertados, se cubrieron contra las paredes al tiempo que se abría la puerta de la casa y alguien gritaba a los protagonistas para que entrasen a guarecerse. Simultáneamente al tiroteo, Pepe Gatillo era reducido por los guardias tras recibir un impacto de uno de sus fusiles.

Dentro de la casa uno de los miembros del servicio atrancó la puerta para impedir el paso de los guardias y permitir la fuga de los jugadores. Éstos fueron invitados a subir al piso superior para escapar a través de una de las ventanas. De este modo, llegaron hasta el despacho de la planta superior guiados desde atrás por un criado, pero una vez dentro éste cerró la puerta y echó la llave. El barón Simón se dirigió a la ventana para descubrir que estaba cerrada. ¡Les habían encerrado en aquella habitación!

No había tiempo que perder, se escuchaban muchos pasos subiendo las escaleras. De un disparo con su pistola el barón abrió la ventana para descubrir que se abría al patio trasero de la casa y que allí había otro soldado francés apuntando con su rifle. El barón y su secretario decidieron lanzarle un mueble y esperar a que entrasen los guardias por la puerta para abrir fuego contra ellos. Mientras, el párroco observó sobre la mesa unos mapas y documentos bastante curiosos.

Los franceses les invitaron a rendirse, pues no había escapatoria. Sin embargo, los jugadores decidieron tumbar una mesa para que el párroco se cubriese con ella, así los franceses al entrar recibirían un disparo sorpresa. De este modo, el barón y su secretario fingieron rendirse, los guardias abrieron la puerta y el párroco… se rindió.

Al salir de la casa los jugadores observaron sorprendidos al señor Santa Rita y miembros de su servicio confraternizando con la tropa francesa. Por si eso no fuese poco, al llevárselos al carro donde sería transportados, vieron al Marqués de Navarrete hablando con François de Maginot. Su rostro mostraba un gran arrepentimiento, pero aquello no consoló a los jugadres.

– ¿De qué nos acusa oficial?

-¿Y usted lo pgegunta? ¡Guesistencia al aguesto, abgig fuego contga soldados fganceses y conspigación! ¡Las cagtas y planos demuestgan que tgamaban algo!

– ¡Eso no es nuestro!

– Clago… eso díganselo al pelotón de fusilamiento… jajaja.

Maniatados, los protagonistas fueron conducidos a la cárcel real para pasar la que sería su última noche con vida. ¿O no?

Enlace a la 4ª y última parte.

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