Diario de una gamificación (II)

49e14-nic3b1a-examen-aprobado-felizTodo intento de hacer algo nuevo genera dudas, y a mí, esto de gamificar me ha despertado muchas. Vaya por delante que lo que estoy aprendiendo y poniendo en práctica lo hago de forma autodidacta, sin cursos, ni asesoramiento profesional. Básicamente porque no he encontrado ningún curso gratuito y reconocido por la Administración sobre gamificación aplicada a la educación. ¿A qué están esperando? Eso sí, estoy contando con la inestimable ayuda de algunos cracks de la gamificación,  el aprendizaje por proyectos y el flipped learning que se prestan a resolver cualquier duda.

Así pues, quiero compartir algunas de las dudas más importantes que me han ido surgiendo a lo largo de este verano y quizás os asalten a aquellos que esteis pensando en empezar a gamificar.

Una de las primeras que tuve: ¿se puede gamificar sin recursos informáticos? El centro donde trabajaré este año carece de aula de informática para la ESO y Bachiller, porque está monopolizada por el ciclo de informática que se imparte en el mismo instituto. Dispondremos de 40 portátiles para todos los alumnos y ya están reservados para todo el año por ciertas materias.

Por lo que respecta a la pregunta y según los expertos en el tema, sí. Mi duda partía de haber realizado toda la búsqueda de información a través de internet, donde se pueden encontrar centenares de ejemplos de webs gamificando temarios educativos. A ver, el juego ha existido siempre, y los juegos se han utilizado desde hace mucho para aprender. Aplicando la lógica, sería como si un adolescente preguntara hoy si se puede jugar a rol sin internet. Pues sí, se puede. De hecho, creo que no voy a tener más remedio.

Otro de los quebraderos de cabeza que me he encontrado es el de repartir y asignar los Puntos de Experiencia a las actividades. He establecido 10 niveles de evolución (de esclavo a Rey de Poniente) y asignado 100 puntos a cada uno. Los alumnos podrán acumular, por tanto, hasta un máximo de 1000 puntos (sin contar actividades voluntarias que podrían hacer saltar el marcador). Esto implica que debo saber cuántas actividades voy a hacer y cuántos puntos debo asignar a cada una en función de su dificultad.

A este respecto, por el momento, lo que he hecho es basarme en los porcentajes asignados en la evaluación a los exámenes (50%) y las actividades, dossieres y comportamiento (50%). De este modo, sabiendo que en el primer trimestre voy a impartir 3 temas (como hago cada año) asigno 300 puntos a cada uno de ellos. De esos 300, 150 puntos de experiencia son para el examen y el resto para las actividades y el comportamiento. Os habréis fijado que 300 puntos por cada tema equivale a 900. Los 100 restantes los voy a “regalar” con la primera actividad ¿Por qué? Porque en el boletín de notas no se puede poner un 0 y porque la actividad funcionará como un tutorial que al ser completado nos anima a seguir jugando.

Por lo visto, existen otras formas de hacerlo, pero esta es la primera que se me ha ocurrido y con la que me he lanzado porque es con la que llevo trabajando desde que empecé. Solo espero que al final mi gamificación no se convierta en un goloso recubrimiento para hacer lo de siempre.

Por otro lado, me gustaría potenciar el trabajo en equipo, hacer ver a los alumnos que se necesitan unos a otros y potenciar comportamientos solidarios y de responsabilidad frente al resto. No estoy aquí para educar a los líderes del mañana, sino para tratar de formar ciudadanos que sean conscientes de que viven en sociedad y no pueden actuar de forma egoísta. Para ello he determinado que las recompensas (escuchar música en clase, utilizar el libro en un examen…) se obtengan cuando todos los miembros del grupo acceden al mismo nivel. Es decir, todos los componentes de un mismo grupo deben haber llegado al nivel 2, 4, 6, 8 o 10 para activar un premio a su elección.

No sé si de este modo lograré despertar un cierto sentido de la responsabilidad en aquellos alumnos más proclives a pasar de todo o si lo único que lograré será sembrar el malestar al ver que los pasotas impiden a sus compañeros más motivados el acceso a las recompensas. Y la eterna duda, ¿grupos homogéneos o heterogéneos?

Por el momento, sigo trabajando en el diseño de la web, que no queden dudas en las reglas y en  actividades interesantes para recurrir al libro de texto lo estrictamente necesario.

¡Seguimos en contacto!

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8 comentarios en “Diario de una gamificación (II)

  1. Discrepo cordialmente en lo de los cursos. Este verano he impartido uno de ellos en Mataró, durante l’Escola d’Estiu organizada por el Moviment Educatiu del Maresme, 20 horas sobre Aprendizaje Basado en Juegos y como aplicarlo en el aula (sin ordenador, exclusivamente juegos de mesa). También es cierto que nosotros en Lu2 no lo llamamos Gamificación y que vemos diferencias de concepto.

    • Oh! Lástima no haberme enterado, me habría encantado asistir. A ver si repites o haces alguno nuevo. La verdad es que estuve buscando cursos a través del Dept d’Educació y no vi nada sobre innovación relacionada con juegos. 😦

  2. Aprendizaje basado en juegos seria serious game, la gamificación o ludificación sería el uso de estrategias del juego para otro uso, que es exáctamente lo que se está haciendo aquí, pero no es un juego en sí, no sé si se me explico.

    Como ya he pasado por esta fase y siempre es mejor aprender de los errores de los demás que los de uno mismo quería hacerte un par de sugerencias:

    – Es posible gamificar sin ordenadores pero los ordenadores lo hacen todo más fácil al menos para el docente, las clasificaciones, logros, etc, consumen mucho tiempo si son gestionadas personalmente. Mi consejo es utilizar un gestor externo simple, como ClassDojo o delegar parte del proceso en los alumnos como hacer un gran mural y que sean ellos los que la actualicen.

    – Yo aprendo todo lo que puedo de los videojuegos, los grandes expertos en mantener la atención en un proceso durante un tiempo prolongado, la última lección la que me dio el Mario Kart, haz trampas si hace falta para evitar que alguien se quede atrás, das muchos puntos por hacer cosas simples como traer los deberes y menos por sacar un 10 e invéntate cosas para premiar a los que menos tienen, puede ser injusto pero el objetivo es que nadie quede atrás no tener un tribunal sumario.

    – Los puntos porque si tienen un alcance limitado, los puntos tienen que servir para algo, en mi caso obtener ventajas en el aula, como ir al baño, preguntar algo en español, etc. solo con eso aumentas exponencialmente el alcance del juego, más aún si actualizas periodicamente con nuevos premios.

    Te dejo una web del proceso que hice hace un par de años por si te sirve de inspiración, estoy a punto de sacar una web mucho mejor para el de este año pero creo que sirve para hacerse una idea de lo que me refiero.

    http://salvaenlasnubes.blogspot.com.es/2014/03/blog-post.html

    • En primer lugar, gracias por aportar tu comentario. Me resulta muy útil y valioso que comentes tu experiencia y opinión.
      Sí, tengo claro que esto no es un juego, sino aplicar elementos de los juegos a una materia (Sociales de 2º de ESO) y darle un trasfondo fantástico que es el de Juego de Tronos.
      Respecto al primer punto, veo su utilidad, pero me cuesta aplicarlo. Tendría que verlo muy justificado. Entiendo que no es premiar a un vago simplemente para que no se quede atrás, pero me parece injusto para aquellos que vayan trabajando y esforzándose.
      En segundo lugar, no lo he dejado muy claro pero los puntos que ganen servirán para adquirir mejoras para su feudo: molinos, canteras, castillos, torres, campos… que se traduce en poder usar el libro en un examen, recibir mi ayuda en una prueba, escuchar música en el aula y cosas que pueden resultar interesantes para ellos y en una clase normal no tendrían.
      Gracias por el enlace! Voy a echarle un vistazo!

  3. Muy buenas Natxo. Te felicito nuevamente por la iniciativa, creo que puede dar mucho de sí. Quisiera comentar algunas cuestiones que planteas en base a mi experiencia de aula como mentora del PROA, son poquitas horas semanales pero bien aprovechadas… 🙂

    – En mi caso el pasado año la gamificación fue analógica por no disponer de medios. Lo que hice fue llevarme la tablet y utilizarla para alguna de las misiones que planteé. Y respeto al diseño, pues me inspiré en mecánicas de juegos de mesa principalmente.

    – Reconozco que en alguna ocasión también predispuse algunas circunstancias (lo de trampas queda feo :D), tanto para lo que comentas como para la asignación de equipos o la adquisición de liderazgo.

    – Respecto a que todos accedan al mismo nivel para que se desbloquee una recompensa, pues lo puse en práctica, y con los perezosos o pasotas funcionó fenomenal, les puso las pilas; ahora bien, con un alumno en concreto que tenía un ritmo más lento, lo que pasó es que algunos días se sentía presionado porque claro, los otros le metían prisa y le hacían sentir mal. Tuve que retirar esta norma.

    ¡Suerte, te sigo leyendo!

    • Para empezar, gracias por tu comentario ! La verdad es que es algo que tendré que plantearme, con un solo ordenador en el aula tendré que recurrir a otras mecánicas. Tengo ya en mente trabajar con juegos como el tabú o dinámicas de pregunta-respuesta. Ambas cosas siempre me han funcionado mucho y a ellos les gusta retar a sus compañeros.
      Respecto a lo de los grupos y la presión, voy a ver cómo funciona este trimestre y me plantearé modificarlo de cara al siguiente por recompensas individuales.
      A ver qué ocurre!

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