Diario de una gamificación (XVIII)

¡Sigo vivo! Cansado, pero vivo. No he dejado el blog a un lado ni mis ganas de dar clase. Y, evidentemente, sigo jugando en el aula, aplicando gamificación y aprendizaje basado en juegos. Sí, ya sé que hace siglos que no escribo en este diario y no es por falta de cosas que contar. Eso sí, voy a ser breve.

En julio dejé mi último instituto en Badalona con muy buenos compañeros pero escaso respaldo por parte de la dirección, que dudaba de los efectos positivos del juego en el aula. Una nueva quest me esperaba al otro lado del caudaloso río Sènia, cambiando de administración educativa, ciudad, gentes… volvía a la terreta, a su frontera norte, donde residen los encargados del Muro y las gentes no olvidan (excepto el artículo “el” sustituido por el “lo”: lo cotxe, lo menut…).

Un nuevo hogar y un nuevo proceso de papeleos administrativos ¿por qué a nadie se le ha ocurrido hacer un documento FAQ resolviendo las dudas del funcionariado que se traslada de comunidad? Funcionarios&Formularios 5ª Ed.  Yo lo dejo ahí.

Por suerte, nada más llegar a mi nuevo destino encontré dos compañeras en el departamento que se sumaron al carro de la gamificación. ¿Cómo no iban a hacerlo si son fans del Ministerio de Tiempo, Star Wars y Juego de Tronos? La idea estaba clara: si haciendo lo de siempre obtenemos los mismos resultados ¿por qué no probar algo nuevo? Tras unas cuantas sesiones express de gamificación nos lanzamos a poner en práctica una versión retocada de mi experiencia didáctica de Juego de Tronos este primer trimestre.

La experiencia ha sido modificada un poco con la idea de simplificar algún proceso. De este modo, los alumnos ya no diseñan un feudo, con el consecuente ahorro de fotocopias y trabajo manual para el docente, pero el espíritu y la intención sigue siendo el mismo.

¿Y cómo va? No me puedo quejar. He pasado de estar solo a tener dos nuevas reclutas muy entregadas y motivadas. Hemos hecho un poco de corta y pega, buscando un equilibrio entre la novedad y lo convencional. Antes de echar a correr hay que aprender a andar. Ya iba siendo hora de que el francotirador solitario aprendiese a trabajar en equipo.

Los chavales están contentos y motivados. La promesa de puntos y recompensas, esa gamificación superficial, sigue enganchando a los chavales y las actividades más creativas les animan a ver la asignatura con otros ojos. ¡La Historia está viva! Ya tenemos las clasificaciones en marcha, las cartas especiales se acercan y los marcadores echan humo.

En fin, que la cabra siempre tira al monte, esté donde esté.

 

 

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